Toda su obra se agrupa en una serie de volúmenes correlativamente numerados del uno al catorce bajo el título general de Poesía vertical.
Con base a este titulo que conlleva muchos sentidos, Roberto Juarroz intentó traducir la verticalidad de la transcendencia. Su poesía es una poesía distinta, un lenguaje de principios y de finales, pero en cada momento, en cada cosa. La verticalidad se expresa hacia arriba y abajo, convirtiendo cada poema en una presencia que representa ese doble movimiento, esa polaridad que define la palabra del hombre cuando la misma no se encuentra en los limites convencionales.
Esa elección voluntaria de agrupar bajo un solo y único titulo a toda su obra y sin dar ningún titulo a sus poemas, tiene como objetivo conseguir el anonimato de las coplas o de los dichos populares que siempre se repiten sin conocer su autor, muerto y desaparecido desde hace mucho tiempo. Juarroz explica que según el, "cada titulo, sobre todo en poesía, es una especie de interrupción, un motivo de distracción que no tiene real necesidad." Sin titulo, el libro se abre directamente sobre los poemas, un poco como estos cuadros cuya ausencia de titulo impide las vueltas de la imaginación.
76 - XIV
"Vivir es estar en infracción.
A una ley o a otra.
No hay más alternativas:
no infringir nada es estar muerto.
La realidad es infracción.
La irrealidad también lo es.
Y entre ambas fluye un río de espejos
que no figuran en ningún mapa.
En ese río todas las leyes se disuelven,
todo infractor se vuelve otro espejo."
1 – XI (parte II)
"No tenemos un lenguaje para los finales,
para la caída del amor,
para los concentrados laberintos de la agonía,
para el amordazado escándalo
de los hundimientos irrevocables.
¿Cómo decirle a quien nos abandona
o a quien abandonamos
que agregar otra ausencia a la ausencia
es ahogar todos los nombres
y levantar un muro
alrededor de cada imagen?
¿Cómo hacer señas a quien muere,
cuando todos los gestos se han secado,
las distancias se confunden en un caos imprevisto,
las proximidades se derrumban como pájaros enfermos
y el tallo del dolor
se quiebra como la lanzadera
de un telar descompuesto?
¿O cómo hablarse cada uno a sí mismo
cuando nada, cuando nadie ya habla,
cuando las estrellas y los rostros son secreciones neutras
de un mundo que ha perdido
su memoria de ser mundo?
Quizá un lenguaje para los finales
exija la total abolición de los otros lenguajes,
la imperturbable síntesis
de las tierras arrasadas.
O tal vez crear un habla de intersticios,
que reúna los mínimos espacios
entreverados entre el silencio y la palabra
y las ignotas partículas sin codicia
que sólo allí promulgan
la equivalencia última
del abandono y el encuentro"
14 - IX
También el infinito
Tiene un derecho y un revés.
Los dioses siempre están al derecho,
Aunque a veces se acuerden quizá del otro lado.
El hombre siempre está al revés
y no puede acordarse de otra parte.
Pero también el infinito
suele dar vueltas en el aire como una moneda,
que no sabemos quien arroja
con sus giros de sarcásticas guiñadas.
Y así cambian a veces los papeles,
pero no seguramente la memoria.
El hombre es el revés del infinito,
(para Michel Camus y Claire Tiévant)